🔥 Headline retwist:
“Guirassy en modo videojuego: dos jornadas para la historia y un delantero que se salió del guion”
Lo de Serhou Guirassy en las dos últimas jornadas ha sido, simple y llanamente, una locura. De esas que te obligan a frotarte los ojos, revisar el marcador y volver a mirar porque no puede ser real. Pero lo fue. Y lo sigue siendo. En un fútbol cada vez más táctico, más medido y más previsible, Guirassy decidió romper el libreto y recordarnos que todavía existen delanteros capaces de incendiar partidos por pura inspiración y hambre.
No se trata solo de goles —aunque los hubo, y de todos los colores—, sino de la sensación constante de peligro. Cada balón que tocaba en el área parecía una amenaza inmediata. Cada desmarque, una declaración de intenciones. Guirassy no estaba jugando: estaba cazando. Y cuando un ‘9’ entra en ese estado mental, poco se puede hacer desde el otro lado más allá de rezar para que el partido termine pronto.
Estas dos jornadas fueron el resumen perfecto de su evolución como delantero total. Potente en el cuerpo a cuerpo, inteligente para atacar los espacios y sorprendentemente fino en la definición. No fue el típico partido de “le cayó todo”: fue un despliegue de recursos. Remates de primera, sangre fría ante el portero, lectura perfecta del rebote. El tipo estaba un segundo por delante de todos.
Pero quizá lo más impresionante fue el contexto. Presión alta, defensas cerradas, expectativas al máximo. Y aun así, Guirassy respondió como responden los grandes: pidiendo la pelota y cargándose el equipo al hombro. Ese es el salto definitivo, el que separa a un buen goleador de un delantero determinante. Cuando el plan A se atasca, aparece él. Cuando el partido se rompe, lo rompe a su favor.
Hay algo profundamente emocional en este momento de Guirassy. Se nota en su lenguaje corporal, en la forma en que celebra, en cómo contagia a sus compañeros. No es solo confianza; es convicción. La convicción de alguien que sabe que este es su tiempo y que no piensa desaprovecharlo. En un deporte de rachas, él está cabalgando la suya con una autoridad aplastante.
Estas actuaciones no pasan desapercibidas. Aficionados, rivales y analistas ya lo miran distinto. Cada defensa empieza el partido pensando en cómo frenarlo. Cada entrenador ajusta el plan para contenerlo. Y aun así, aparece. Eso, al final, es el mayor elogio posible para un delantero.
Las dos últimas jornadas no solo engrosaron su cuenta goleadora; redefinieron su estatus. Guirassy ya no es una sorpresa ni una buena historia: es una realidad incuestionable. Y si este nivel se mantiene, lo que viene puede ser todavía más grande. Porque cuando un delantero entra en trance, el fútbol se rinde. Y ahora mismo, el fútbol está mirando a Guirassy con una mezcla de asombro y respeto.
